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Hay una luz que nunca se apaga

El Caso Banchero de Guillermo Thorndike: liderazgo, excesiva confianza y traición

«En sus primeras intervenciones en la Sociedad Nacional de Pesquería, Banchero llegaba oliendo a pescado. Con botas y pantalón comando, el Hombre atacaba: “Ustedes se la pasan aquí sentados y así no se hace industria. Tienen que ir al mar o al puerto a comprar pescado para que aprendan cómo es el negocio”». Es una descripción que ofrece Thorndike de Luis BANCHERO ROSSI -a quien en el libro lo llama “El Hombre”- para apreciar el perfil con el que se desenvolvía en los negocios y que sin duda lo colocaba como un referente en el sector empresarial así como político.

El ingeniero tacneño no dejaba de lado su “cancha” -como decimos criollamente para referirnos a alguien que sabe hacer frente a situaciones difíciles en sectores populares- para responder de forma elegante a los ataques: “En la industria pesquera uno tiene dos madres. Una, la del muelle, donde se dice de todo. La otra es fuera del muelle, donde todos somos amigos”. O como cuando va a buscar a un prostíbulo de Chimbote al popular dinamitero (pesca con dinamita) “Chiroca” ante el asombro de los participantes.

La experticia iba de la mano con una confianza que podríamos calificar como abrumadora, pues el comandante Manuel Yori, segundo jefe del Servicio de Inteligencia de la Marina, anunció al Ministro de Gobierno, contralmirante Ponce Arenas, que un grupo de pescadores planeaba secuestrar a Luis Banchero Rossi, tras la huelga de 1966 de la Federación de Pescadores. Cuando Yori le comunicó a Banchero que lo iban a secuestrar los pescadores, respondió sin más: “Déjalos. Veremos qué pasa”. Hasta le consiguió un guardaespaldas, el guardia Dávila, pero la negativa fue rápida: “Mire, Dávila, yo no lo necesito, a mí no me va a pasar nada”.

Evitando incurrir en una hagiografía, Thorndike señala que el juez instructor José Antonio SANTOS CHICHIZOLA desconfiaba de Banchero y apuntaba a un secreto el cual sería el móvil del asesinato. Que después de interrogar a decenas de personas solo sabía que la víctima era una buena persona.

Sin embargo, el periodista Raúl VILLARÁN PASQUEL hizo un paréntesis a las continuas loas al occiso en la prensa y declaró que Banchero era “un jugador solitario, casi un enfermo, que en ratos de terrible pesadumbre golpeaba la mesa con los puños y blasfemaba. De un lado despreciaba el dinero, y tal desprecio abarcaba a quienes lo codiciaban, también mezquino, capaz de falsedad. Su desprecio por el dinero acaso provenía de la avaricia paterna, que lo hirió tan ferozmente durante su infancia en Tacna”.

También circuló la hipótesis que el autor del asesinato fue el coronel nazi Klaus Barbie, pues este había adquirido una casa en la zona de Santa Clara, justo al frente de la mansión campestre de Luis Banchero Rossi. Sin embargo, cuando allanaron la casa de uno de los principales socios de Barbie, Volkmer Johannes SCHNEIDER-MERCK, en la que encontraron documentos bancarios, cartas, etc. que probaban millonarias estafas y chantajes a peruanos, pero -indica Thorndike- nada vinculaba los negocios del alemán al asesinato de Banchero.

Esbozaron como posibilidad el crimen pasional dadas unas cartas de amor halladas en su habitación en el Hotel Crillón, pero las mujeres “se le rendían” al magnate de la pesca. Frío. Tampoco había indicios de desviaciones sexuales, ni de drogas. Solo quedaba un móvil: el dinero. Y pasamos de tibio a caliente: “el chantaje económico debía comenzar, en el caso Banchero, por una traición en su propio santuario. Cuanto más alto y cerca se mirara, por ahí tendría que tropezarse con el traidor.” En el entendido que Banchero mantendría inversiones considerables en el extranjero y que no las declaró allí.

Lo que es un hecho es que la cara de “Lucho” -como le decían sus cercanos- fue encontrada deformada por -todo indica- sucesivos golpes que le hicieron cuando estaba inmóvil, a tal punto que sus ojos apenas eran dos líneas “como de japonés” y tenía la piel abierta en línea recta en la nariz, tanto que se podía ver el hueso.

Por conclusiones del juez Santos Chichizola, condenaron a Juan VILCA CARRANZA -hijo de su jardinero- y a una persona de extrema confianza de la víctima: su secretaria, Eugenia SESSAREGO DE SMITH. Aunque tiempo después fueron indultados por Francisco Morales Bermúdez. Thorndike insiste en que intervinieron terceras personas, que desgraciadamente no pudieron ser identificadas. No dejó de tener razón. El magistrado Santos ya había advertido sobre Vilca y Sessarego: “Saben la verdad y no la confiesan”.

(Nota: Estimado amigo lector, la sinopsis de la nota culmina aquí. Lo que sigue es la transcripción parcial del documento principal que sustenta esta publicación y que es propiamente la fuente periodística. No es indispensable su lectura, sino que se añade para facilitar la búsqueda por palabras y para fines académicos y/o periodísticos)

Documento completo de la primera edición del libro El Caso Banchero de Guillermo Thorndike publicado en 1980 por la editorial Mosca Azul Editores. Todos los derechos reservados a su autor. Compartido con fines exclusivamente académicos. Cuatrocientos quince páginas

Transcripción de las partes importantes:

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