Tras el receso de una clase, encontré un papel tirado en el baño y reproduciré su contenido. Abro comillas:
«Se acerca el día del abogado y justamente he decidido partir al autoexilio tras corroborar un abrumador nivel de decadencia moral e intelectual -con honrosas excepciones- en este recinto que es la facultad de Derecho y Ciencias Políticas de San Marcos.
Las dos experiencias recientes que refuerzan esta tesis son -primero- la grosera restricción a la plataforma de Búsqueda de Expedientes Judiciales “CEJ” del Poder Judicial frente a la cual ningún estudiante o talleres de estudio alzó su voz de protesta, teniendo en cuenta que dicho portal es usado por toda la comunidad del Derecho –que los incluye- y por los litigantes. El motivo de este nuevo requisito de conocer el nombre de las partes procesales es espurio.
Segundo, la conformación del grupo revisor del Nuevo Código Procesal Penal en el Ministerio de Justicia: Ningún estudiante aspirante a penalista tenía la más remota idea de la existencia de esa comisión y tampoco ha tenido interés en participar. Los integrantes del grupo lo conformarían, además de personalidades del Estado, los representantes de una universidad pública y una universidad privada, respectivamente. Las plazas las ocuparon la Universidad Federico Villarreal y la Universidad San Martín de Porres, San Marcos no.
En cambio, sus momentos “heroicos” o de indignación selectiva acontecieron -por citar un irrisorio caso- cuando el decanato el 2024 sacó un minúsculo comunicado diciéndoles que no tenían autorización para hacer el evento por la celebración de los 20 años del Código Procesal Penal peruano Los pronunciamientos colectivos y estados de WhatsApp salieron de inmediato, pero eso sí, sin individualizar a los presuntos responsables de ese acto descortés, refiriéndose como siempre a las “autoridades”. Es decir, bajo esa tara que es el maldito y tácito pacto infame de hablar a media voz como decía Manuel González Prada.
Ello es un síntoma revelador y por eso que en los últimos 25 años el Perú ha sido saqueado con la venta del Aeródromo de Collique, el caso de Lava Jato, el caso Cuellos Blancos, entre tantos otros, en las narices la intelectualidad de las aulas de San Marcos, la que no ha estado en la línea de batalla, ni lo está. Hablar de corrupción es un tabú, un suficiente motivo para mirar a los costados o sencillamente huir. Porque temen que su aleatorio y potencial jefe haya sido un conspicuo protagonista de esos faenones, en los que prestó sus servicios intelectuales. Te vas a ganar problemas.
Maldita sea, si los problemas son los que mueven al mundo y comprárselos son los que nos perfeccionan. Con mucho orgullo digo: discutí ferozmente con Óscar Escate Cabrel y con Ernesto Gamarra Olivares, abogados con quienes trabajé ¿Eso puso punto final a nuestra amistad? En lo absoluto, porque después de la bronca me llamaron para que los ayude con algunos casos. Así es, alguien que conoce tu intelecto -incluso si es tu adversario- no dudará en requerir tus servicios.
Es esa perversa obediencia el defecto que debe desterrar todo estudiante que aspire a ser el mejor en esta ciencia. Es crítico que habiendo tantos talentos, no estén dispuestos a arriesgar o sacrificar tiempo o relaciones laborales para así realizar cosas portentosas como elaborar, firmar y presentar una denuncia penal, investigar un caso de corrupción, formular un proyecto de ley o entrevistarse con determinada autoridad a raíz de esas acciones. Que se convierten en credenciales inéditas, porque en la Facultad de Derecho hay una gravedad maligna que arrastra a casi todos a hacer y ser lo mismo.
Un amigo me insistía en que la clave para formarme profesionalmente en Derecho -como en cualquier otra carrera- necesitaba juntarme con personas más inteligentes que yo. Pero hoy puedo decir con absoluta convicción que, al menos en esta disciplina, no es así. Se necesita audacia y esa virtud se pule haciendo las gestiones descritas en el párrafo anterior, no hay más. De nada sirven primeros puestos o inteligencias precoces si no están dispuestos a ir con todo.
Como ligero consuelo está lo que escribió González Prada en “Nuestros Indios”: Con diplomas universitarios, el problema del indio peruano no habría quedado resuelto. Al proletariado de los ignorantes, sucedería el de los bachilleres y doctores… Se necesita firmeza en la voluntad y vigor en los pies. Se requiere también un ánimo de altivez y rebeldía, no de sumisión de respeto… » Cierro las comillas. Tengo que volver, el profesor está llamando.










