Si hay un libro inquisidor con la administración de George Bush e importantes instituciones norteamericanas tras el atentado del 11-S, es Los señores de las sombras del investigador lituano Daniel Estulin. Su trabajo documentado a punta de recortes periodísticos, fuentes reservadas y otros expone el indiscreto proceder de dicho gobierno con una cofradía de traficantes de armas identificados como el soviético Victor Bout y el ciudadano keniano de ascendencia india Sanjivan Ruprah, todo bajo el móvil de la crisis del petróleo y que daría la bienvenida a lo que el autor llamada como el Nuevo Orden Mundial.
De hecho, advierte que cuando acabe la era del petróleo, también se irá con este recurso la humidad, y anticipándose a ello, países como Chinas, Rusia, India, Alemania, Francia y Japón están invirtiendo miles de millones de dólares en Irán, Venezuela y en el África subsaharian, esta última se convertiría en el escenario de lo que él describe como la “guerra contra el terror”, el cual además sería el punto de partida de las compañías petrolíferas estadounidenses y la administración Bush para operaciones secreteas que el autor empieza a develar.
De acuerdo con los recortes obtenidos por el escritor, uno de los medios que expuso la contradicción entre la administración de Bush y el traficante Bout, fue Los Angeles Times en el que los aviones relacionados con los negocios de este último seguían teniendo como paradero Iraq, pese a que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos confisco los bienes en julio del 2004 y bajo el auspicio del Pentágono entre otras instancias oficiales como el Cuerpo de Ingenieros del Ejército y la Fuerza Aérea.
Estulin agrega que los funcionarios de Bush sí conocían de las andadas de Bout, pero optaron por no activar la artillería legal y militar, sino por hacerle un seguimiento al punto que “Cuando el Reino parecía listo para poner fin a las operaciones de Bout, la administración Bush hizo presión para que los británicos no tomasen medidas.”
Rusia también cobra protagonismo en el libro, dado que -dice Estulin- la Estados Unidos y sus organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, actuaron a favor del presidente ruso Boris Yeltsin para rehacer la economía rusa, agrega que la Federación Rusa estaba sometida a una notable presión por parte del FMI.
Que dicho mandatario apeló a las subastas de “préstamos por acciones” que acrecentaron la fortuna de los oligarcas rusos, quienes huyeron a Israel, Estados Unidos o Gran Bretaña tras el triunfo de Vladimir Putin, antiguo coronel del KGB y que de hecho había advertido a la Casa Blanca sobre agentes del ISI vinculados a las células terroristas chechenas y de Al Qaeda, frente a lo cual Bush no dispuso una medida concreta frente a ello.
Dentro de los grupos cristianos fundamentalistas que denuncia el investigador, está Fellowship Foundation. Esta habría sido una fachada que, bajo el pretexto de amar a Dios y Jesús, reunía a perro, pericote y gato. Estulin apunta a los benefactores como la Fundación DeMoss en el cual la hija del fundador Arthur DeMoss, Debora DeMoss-Fonseca, trabajó diez años para el senador Jesse Helms y era su enlace con diversos dictadores y jefes de escuadrones de la muerte de Sudamérica. En esta plancha estarían Augusto Pinochet y el salvadoreño Roberto D’Aubisson.
Agrega que la política exterior estadounidense, el escritor se refiere también a la militarización de Uganda como una parte integral de esta política y que las compañías militares prestan servicios a la minería y a proyectos petrolíferos en países subdesarrollados. Para 1996 en África llegaban a operar casi cien empresas del referido rubro y que proceden de Estados Unidos, Sudáfrica, Gran Bretaña, Francia, Israel y Holanda.
A la intervención en esa región se suman el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que fomentarían el desarrollo y reducirían la pobreza en el Tercer Mundo, pero para Daniel Estulin en la práctica esas organizaciones han contribuido al empobrecimiento y la indigencia de millones de personas.
El libro también contiene citas rebuscadas, como la detención George Bush por posesión de drogas (solo la web Clarín tiene un registro de esta nota y según este habría ocurrido en 1972), pero que el fiscal del distrito Carlos Vance ayudó a que se retirara el cargo de posesión de drogas y destruyó el expediente.
(Nota: Estimado amigo lector, la sinopsis de la nota culmina aquí. Lo que sigue es la transcripción parcial del documento principal que sustenta esta publicación y que es propiamente la fuente periodística. No es indispensable su lectura, sino que se añade para facilitar la búsqueda por palabras y para fines académicos y/o periodísticos)
Documento completo del libro Los señores de las sombras. La red de gobiernos y servicios de espionaje que dirigen en secreto el tráfico de drogas y el terrorismo internacional de Daniel Estulin publicado el 2007 por la editorial del Grupo Planeta. Compartido con fines exclusivamente académicos, todos los derechos reservados a su autor. Trescientas noventa y tres páginas
Transcripción de las partes importantes:
Índice
Prólogo 7
1.- VICTOR BOUT, EL MERCADER DE LA MUERTE
2.- SE ENCIENDE UNA BRILANTE LUZ EN UN CONTINENTE OSCURO
3.- RUSIA: DAÑOS COLATERALES
4.- ALEXANDER LITVINENKO, LOS METAGRUPOS Y EL TERRORISMO INTERNACIONAL 249
5.- BIENVENIDOS A LA FAMILIA: DIOS MÁS NADA 303
Epílogo 335
Notas 339
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El precio de la traición
A pesar de las evidentes pruebas de que se estaba produciendo un genocidio, la comunidad internacional, liderada por Eran- cia, Estados Unidos y Gran Bretaña, suspendió la misión y selló el destino de más de cuatro millones de personas. El Con- sejo de Seguridad de la ONU selló el pacto con otra resolución ineficaz, al pedir cínicamente a los bandos contendientes que volvieran a la mesa de negociaciones. En A People Betrayed: The Role of the West in Rwandas Genocide, Linda Melvern mani- fiesta lo siguiente: «La combinación de las revelaciones sobre la
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Palast dio a conocer el informe de alto secreto [el Plan Argentino] que ordenaba a Argentina, a finales de la década de 1980, a vender sus activos públicos, como el sistema de aguas. El sistema hidráulico de Buenos Aires se vendió a la ahora tristemente célebre Enron, así como las tuberías de distribución entre Argentina y Chile. Todo esto lo confirmó Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía y ex director del Banco Mundial.
Al final fue Stiglitz quien le dio a Palast pruebas incriminatorias clave contra el Banco Mundial y el FMI. Sin embargo, incluso esto se queda corto si se compara con una monstruosa estafa que algunos de los mayores organismos de ayuda, ONG y grupos de fundamentalistas cristianos estadounidenses han estado llevando a cabo en secreto en África en las últimas décadas. Aunque se describe como «planificación familiar», pierde sentido cuando se conocen las consecuencias reales y sus objetivos de largo alcance. Estas políticas de planificación familiar son defendidas enérgica y continuamente por los principales donantes bilaterales, como el gobierno estadounidense a través de su sucedánea, USAID, y organismos multilaterales, entre los que destacan la Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPE), el Fondo de Población de la ONU (UNFPA) y el Banco Mundial en África.
Desde la década de 1960, el Banco Mundial ha sido la principal entidad de financiación del control de la población, y su gasto anual se ha disparado desde una cifra tan irrisoria como veintisiete millones de dólares en 1969-1970 a más de 3.500 millones de dólares a finales de los noventa. «Resulta muy significativo que las políticas de control de la población se hayan convertido en una condición clave necesaria para el desembolso de créditos de ajuste estructural por parte del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional en el marco de sus programas de ajuste estructural.»’ Entre las condiciones de los programas de ajuste estructural suelen incluirse políticas de control de la población, además de la devaluación, liberalización y privatización de las economías nacionales y de los sectores de la sanidad y la educación. Así pues, la preparación de una Declaración Política sobre la Población suele ser una condición típica para el desembolso de un programa de ajuste estructural.
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Betsy Hartman, directora del Programa de Población y Desarrollo del Hampshire College, acuñó un nuevo término para designar estas políticas: ecofacismo maltusiano. Advierte que la comunidad de ayuda internacional se centra en la actualidad en iniciativas de control de la población en el África subhariana, y la planificación familiar pasa a ser la prioridad número uno «El imperativo primordial de estos programas internacionales es reducir el crecimiento de la población de un modo tan rápido y tan eficiente como sea posible.» Tal como observa acertadamente: «En gran parte de África donde el sida amenaza con provocar una tragedia demográfica y humana, el actual énfasis en el control de la población y el cese de la financiación de los sistemas sanitarios representan un proceso de selección indirecto».123
El profesor David Lutz, en su ensayo titulado Ethics of American Military Policy in Africa (Ética de la política militar norteamericana en África), pone en perspectiva la reducción de la población y la política estadounidense: «Una de las formas específicas en que el aumento de población se considera una posible amenaza para los intereses estratégicos estadounidenses es su impacto en la disponibilidad de los recursos minerales.»
Habría que admitir que la historia del control de la población en las crónicas de la historia es muy antigua, y muy pagana. El Memorando 200 acerca de un estudio sobre la seguridad nacional de Henry Kissinger sobre las Implicaciones del aumento de la población mundial en los intereses estadounidenses es una versión plagiada del propio plagio de Giammaria Ortes llevado a cabo por Thomas Malthus. Además, cabe tener presente el comportamiento de Herodes, tal como se resume en el capítulo 2 del Evangelio según San Mateo. Durante los últimos dos mil años de la historia de Europa, la primera ley «maltusiana» similar a lo que propone la Conferencia de la ONU sobre la Población celebrada en el Cairo en 1994 fueron los decretos «socialistas» del emperador romano Diocleciano. Desde el inicio de la historia moderna de Europa allá por el año 1439, el centro de las políticas sobre el control de la población ha sido continuamente Venecia.
El famoso Primer ensayo sobre la población de 1798 de Thomas Malthus no era más que una versión plagiada de una publicación de 1790 de Giammaria Ortes, Riflessioni sulla popolazione delle nazioni.
Un personaje clave en toda esta ecuación de la población es el monje veneciano Giammaria Ortes (1713-1790), desconocido para la mayoría, a pesar de ser un tipo bastante malvado. Encontré una referencia a este monje en el monasterio camaldulense de Murano, al noroeste de Venecia, donde ingresó como novicio en 1727. Existe otra referencia a él donde se le califica de «brillante economista», en El capital de Karl Marx (vol. I, cap. XXV, secc. 4). Sin embargo, se le recordará, entre otras cosas, como el autor intelectual de Riflessioni (1790), obra en que se basa el borrador de la Conferencia de la ONU sobre la población celebrada en el Cairo en 1994.
El maltusianismo se importó a Grañ Bretaña desde la Venecia del siglo XVI, a través de una traducción al inglés 1607 de Delle cause della grandeza e magnificenze della città del veneciano Giovanni Botero (1588).
Curiosamente, el maltusianismo es una teoría demográfica sobre el aumento de la población desarrollada durante la revolución industrial tomado como base los escritos de Thomas Malthus. Según esta teoría, la población crece más rápido que los alimentos.
Botero (1544-1617) era un agente veneciano que tenía vínculos estrechos con Paolo Sarpi, el David Rockefeller de entonces y el individuo con más probabilidades de ser el cul- pable del asesinato del brillante dramaturgo inglés Christopher Marlowe. En la Biblioteca Nacional de Florencia, encontré una carta de 1590 firmada por Sarpi en la que daba instrucciones a sus secuaces para que se deshicieran de Marlowe. Éste fue asesinado en 1593. La relevancia de Botero en la introducción del maltusianismo en la Inglaterra del siglo XVII se pone de relieve en A History of Economic Analysis («Historia del análisis económico»), de Joseph A. Schumpeter.
Schumpeter escribió que la política sobre la población de Botero fue adoptada por William Petty, en su Essay Concerning tbe Multiplication of Mankind de 1682. Él es el abuelo ligado a Venecia del Shelburne de Jeremy Bentham (primer director del servicio exterior británico) y de Thomas Malthus. ¿Por qué Ortes desempeñó un papel tan relevante para las crónicas de la historia? Porque su papel en el maltusianismo moderno (es decir, el genocidio humano) fue una continua-ción de la guerra contra Leibniz y la cultura clásica que éste representaba por parte del abad veneciano Paolo Conti. Hay que pensar que Conti es como el némesis de «Goldfinger» de James Bond.
Una nota final que debería complacer a quienes les intere- sa más ir levantando faldas por los pasillos de la historia que la demostración científica de hechos. ¿Alguien se ha preguntado por qué a lo largo de la historia una cantidad tan despropor- cionada de monjes y monjas homosexuales procedían de Vene- cia? Porque la nobleza veneciana había dado ejemplo de lo que predicaba. En los últimos doscientos años de la independencia política de Venecia, la oligarquía impuso un celibato cada vez más estricto a una mayoría creciente de su población. A fina- les del siglo XVII, un típico veneciano oligarca que viajara al extranjero practicaba más o menos un celibato perpetuo, como Ortes. Este modo de vida provocó una proliferación de la homosexualidad entre miembros tanto de sexo masculino como femenino de la oligarquía de Venecia, una ciudad que competía con la bíblica Sodoma y Gomorra a tal efecto.
Si lleváramos esta lógica más lejos y la superpusiéramos en el mundo del siglo XXI falto de recursos naturales, se podrían extraer las siguientes conclusiones. Si la mayoría de la población (que muere) fuera africana y, por lo tanto, sin formación, y los recursos no se sacaran de los ahorros para financiar la atención médica, entonces, en términos puramente económicos, ¡los supervivientes saldrían beneficiados y la renta per cápita podría aumentar! Pregunté al ex representante de la USAID que se pasó más de veinte años en el África subsahariana si iba bien encaminado en la comprensión de los aspectos más ocultos de la planificación familiar, sobre todo si la difícil situación económica está obligando a los países occidentales a diezmar violentamente la población africana. Su respuesta fue breve y escalofriante: «Has dado justo en el clavo.» ¿Acaso no es equivalente a la «reducción indirecta de la población» o, más concretamente, al genocidio?
Conclusión
Una importante prioridad para la administración Bush centrada en la guerra era militarizar el continente africano con el fin de:
1)- aumentar la seguridad de las inversiones estadounidenses; 2) ayudar a erradicar las sublevaciones que obstaculizaban la exploración y explotación de recursos naturales, y 3) aumentar la cuota de mercado para la industria de la defensa estadounidense. La ayuda militar estadounidense en África alcanzó un nuevo auge, sobre todo tras el 11-S, momento en que la defensa de Estados Unidos estableció nuevas zonas de entrenamiento en Uganda, Yibuti, Somalia, Kenia, Marruecos, Etiopía y Eritrea. Estos dos últimos países representaban un auténtico doble juego para Washington, considerando que el Pentágono respaldaba en realidad a ambos bandos durante su sangrienta guerra fronteriza. En el trabajo detectivesco de hacer cumplir la ley, lo ideal sería determinar la identidad de los criminales y fijar la culpa más allá de toda duda razonable. El enjuiciamiento ideal no significa tener un conocimiento perfecto de cómo se llevó a cabo un hecho concreto. Implica sólo la certeza de que, en el marco de la definición del delito, el sospechoso y sus cómplices fueron quienes lo cometieron. En el tribunal de justicia, el jurado o el juez tienen la responsabilidad en exclusiva de establecer y declarar la verdad. Vosotros, mis lectores, sois el jura- do y sólo vosotros y nadie más que vosotros podrá establecer más allá de toda duda razonable si las pruebas presentadas en este capítulo y a lo largo de todo este libro pueden servir de modelo que ayude a explicar los acontecimientos al parecer inconexos en África y en otros lugares.










